EL TREN DE LOS DORMIDOS
1.
la mujer de la ventana: vivo en el último piso
de un edificio bastante nuevo que aun mira por lo menos por su costado más
ancho a la montaña sembrada de robustos árboles, algunas malezas y un trío de
casas bastante rurales y bonitas, al principio me parecía extraño invadir de cierta
manera su vida privada cuando me asomaba por el balcón, a duras penas asomaba
la cabeza por la ventana para mirar como pintaba el clima cada mañana, pero con
el tiempo y el sentir los sonidos de los vecinos fue inquietándome por la vida
que tenía bajo las narices, que días se podaba el césped, cuantos perros
tenían, que hacían allí en esa casa tan hermética y sobre todo quien la
habitaba? Logre a adivinar no con dificultad que en la casa habían dos niños y
sus cosas, chillidos, risas los gritos naturales de los bríos de la juventud, y
que los cuidaba una señora llamada Maria que pobrecilla siempre acarreaba con
las rabietas y las peleas entre los dos. Pero que nunca habían voces adultas
que los llamaran, o regañaran o miraran fuera de la de Maria. pensaba que quizá
los adultos eran más tímidos y por eso jamás salían al jardín o bajaban de sus
carros, pero luego estuve segura de que eran invisibles por que dejaban rastros
de presencia adulta por doquier, como columpios vacíos, pelotas sin rebotar,
televisores prendidos y niños sin control, descubrí después que me gustaba
observarlos como si estuvieran en una pecera, peces nadando en aire, así eran ,
iban de aquí para allá de acá para allá construyendo algún sentido a sus días,
jugando con los adultos invisibles y creo que me preocupaba tanto por ellos que
un día amanecí sintiéndome ahogada en el aire, nadando entre peces en agua, nadando
en su propia pecera mientras los adultos invisibles me observaban.
2.
Un matrimonio: Siempre me es divertido ver
historias en los ojos y gestos en las palabras, por que las parejas se están
comunicando constantemente entre ellas por estos métodos creyendo que pasan
desapercibidos, pero no es así, todos lo notan incluso cuando el silencio habla
y nadie sabe, incluso cuando ellos no saben que sean pareja….pues lo serán
3.
El hombre del pijama: container en las calles,
imaginar un panorama trágico, parece que la ciudad no va en vía de ser tan
verde ni tan feliz como parece en los “renders” de arquitectura, lo que es
inquietante porque me recuerda que todos nos turnamos de a ratos para usar el
mismo pijama
4.
Cae la nieve: no es que la nieve no caiga en
Colombia, y nos es que de igual manera el frío nos incite aventarnos en locuras
fascinantes, solo que no es suficientemente gélido como para llevarte frenéticamente
a un hombre a la cama de igual manera a una mujer para contemplar en un tierno
lecho el son del fogón suizo estilo Alpes en pleno enero. Por el contrario aquí
el calor es tanto que hace caso omiso entre la situación de un dio u otro, el
estilo de una carta u otra, la diferencia entre rosas rojas o chocolates
negros. La carta es devorada antes de entregar
5.
Tráfico: si alguna vez se ven contar dólares
ilegales en frente tuyo, eso quiere decir que jamás viste nada, que jamás oíste
nada ni viste el mas mínimo rastro de lo que creíste ver, porque los nidos de
billete camuflados entre los ladrillos de los muros y una bella calibre 38 (no
sé por qué siempre les ponen nombres de mujeres) son solo ilusiones de la
realidad, son solo negativos de la vida de este país o de estas montañas,
porque aquí nadie jamás ve nada.
6.
Una pizza con bordes quemados: después de un
largo día en la universidad, de entrenamiento de dar vueltas en esta ciudad de
mal tráfico vehicular, esperaba llegar a la casa, sentarme tranquila en el mueble,
quitarme toda la contaminación del exterior ,apagar la mente con una letal
dosis de tv, y saborearme apenas una jugosa mandarina. Por el contrario llegué
a casa atendí aún asuntos del trabajo y de la universidad, maldije por no poder
tener solo una mano disponible para comer la mandarina pues con la otra le saco
las frutas, la pulo hasta dejarla bien limpia y provocativa, deleitosa, jugosa,
fresca…. Y hoy por lo que veo no será tampoco el día de la bella mandarina,
está más bien marchita de tanta contaminación de afuera.
7.
La profesora: tuve profesoras de tango, de
salsa, de pintura y hasta de croché en hilos dorados o no sé qué fruslerías.
Pero ninguna era tan poco convencional como mi profesora de ballet, era huraña
y/o excéntrica eso dependía de que hombre hubiera conquistado en el día, a
veces llegaba con modelos de arte, con bailares exóticos, a veces llegaba
pintada todo el cuerpo de protestas grotescas, pero nunca con el mismo hombre,
cambiaba de uno a otro como de un pasaje de danza a otro, o como de un cloche
al Split. Le pintaba en el aire figuras de papel hasta que estos en algún
momento caigan y todo comenzaba de nuevo,
nosotras como coro al canto esperábamos ansiosas ver entrar cada tarde
la suerte de clase que nos esperaría.
8.
Una forma de ingreso: cuando alguien me habla de
ingreso yo imagino apertura, viendo más bien ahora a Medellín me hablan de
ingreso y yo magino cerramiento, vayas interminables de edificios delimitando
puertas con ventanas y jardines con aceras, es que ya no se ni como entrar a mi
propia unidad que ya no tiene ni portón, ni ventana, ni portero ni vecinos, es
un agujero negro hundiéndose y socavando un hueco cada vez más hondo en la
ciudad
9.
Un hombre pájaro: hombres y mujeres pájaro cada
día son millones y millones alrededor del mundo, parecen que tomasen la comida,
la subsistencia del aire…y así es.
10.
Una oyente de opera: sueños y vocaciones
11.
Un hombre en la cocina: el secreto de lograr
llevar a un hombre a la cocina es suscitar en él un amor tan puro como el
paternal, cosa que no todos descubren por no ser papas, o no reconocen por no
querer a sus hijos, hay padres de padres, e historias en hijos sin padres de
los que se devoran el mundo velozmente o hay gente que devora y devora por no
tener hijos, o amores tan desinteresados como para no ofrecer aquello, no
ofrecerlo todo, puede ser al final solo una loca teoría de esas que son tan
ilógicas que resultan entiendo lógica.
12.
Un teólogo triste:
13.
Un error de apreciación: hay gente muy fría, hay
sociedades frías, no tengo nada más que agregar.
14.
Un pequeño accidente: recuerdo cuando que mamá
me dejo perder una vez en casa, parecían locos buscándome en todas partes y lo
que no sabían es que yo me había extraviado sola, me escondí la cajita más
pequeña de la casa, donde nadie hubiera pensado porque era gimnasta, hacia
contorsiones espectaculares, por ende supuse que jamás me encontrarían, pasaron
las horas y no volví a ver a nadie buscándome por lo que creí que ya se habían olvidado
de mí, por lo que permanecí aún más. Al final cuando decidí que me había enojado
lo suficiente dejando mi escondite y me pregunte en que cajita de zapatos se habrían
escondido sus padres. Pobre mamá, jamás la dejaran a mi cargo de nuevo.
15.
La mujer de la maleta: cada día regresa un
extraño.
16.
Un vecino: mis padres se caracterizan por ser
sociables y siempre exequibles, no sé por qué les gusta andar conversando nada
con una persona que nada tienen que ver en común, ellos me creen loca porque
les digo que no vivimos con nadie, que los pisos del edificio están vacíos de
personas y que son solo rastros de actividades los que habitan esos autómatas
que llegan a parecer reales. Lava, trabaja, sube , baja, de hecho si no fuera porque
de tanto en vez olvido las llaves de casa y me toca esperar en la puerta
hubiera jurado que vienen por nosotros para sustituirnos por bellos modelos
nuevos
17.
El pianista: en cada cosa ahí un rastro, sea de
un pensamiento sea de una sensación, en ocasiones la llevamos con nosotros y jamás
mueres, se impregnan como bizcochuelos a los sentidos y no te abandonan, ¿para
bien? ¿Para mal?
18.
Una mujer gorda: seres cómodos, pulgas garrapatas y demás alienígenas
de nuestro sistema solar
19.
Una inundación: todo comienza con el fastidio de
estar tan cerca, tan cerca a ellos y a sus vidas paralelas, que menos cara de
rana hacen cuanto menos les disturbas ,claro que en qué edificio no existe la
inundación, Si es que el agua es tan escurridiza, se va colando entre las los
tapetes y las losas, del papel maché con el que se hacen las paredes, de la
comida del piso de abajo, de entre los platos y los gatos y cuando se viene uno
a dar cuentas hasta los crespos a la vecina se le mojaron! Que gente tan
intolerante que chillan todo el día solo porque sus libros flotan como barcos
20.
Un hombre en la oscuridad: No soy de las personas que se sientan a escribir en
un tranquilo café, o en una buena cómoda amueblada oficina, me gusta escribir entre gente y entre ellos me
encuentro a gusto leyendo por que el bullicio me recuerda que no estoy en casa
para descansar, y que el mundo mueve cada partitura de su show con vivacidad
inconstante y sin parar, pero existe la sensación de que una sombra te observa,
estaba pensando que no era una, sino muchas a la vez, y es cuando miro hacia
arriba sobre las hojas que veo que las sombras son gente y la gente, espanto,
cada uno anulado por su semejante, no tendrá más sentido de ahora en adelante
escribir sobre cosas que al final no existen.
21.
Pobreza:
22.
Un encuentro: he pensado que lo ocasional y
el tráfico de acciones son como una torre de jenga, cuando se mueve una pieza
otra se acomoda, cuando no se le pone nada la torre permanecerá estable, cuando algo fundamental se le quita
por supuesto algo fundamentalmente cae. La vida humana será un juego para
combatir inercias?
23.
Un hombre pequeño: no entiendo por qué hay
mujeres tan grandes y hombres tan endebles, una vez conocí un viejito de papel
que necesitaba ser plegado cada noche para dormir, y al otro día extendido en
el alfeizar de la ventana para no podrirse, porque el papel húmedo se rasga
quedando en no más que trizas, y cenizas, y luego sencillamente en nada para
que la mujer los pueda poner como adorno chino sobre la alacena, es mejor no
mojarse, decía el viejito.
24.
Una conversación de café: no he tomado nunca
cafés tan ricos como los italianos de los bares de cada esquina, y lo dice
alguien que viene de la tierra del café, como ellos nos llaman “los cafeteros”,
pero saben que no lo sabemos hacer bien, porque un buen café no tiene agua, ni
tiene azúcar, tiene una buena conversación en la mañana, con brioche, guiño de
ojo y cigarrillo, ellos sí que saben ponerle el dulce a cada machiato, il latte
bien batido al cappuccino.
25.
El tren de los dormidos: mientras hago la fila detrás de ti, detrás de
los compañeros zoombies de arquitectura me pregunto… me pregunto….y duermo
26.
El vagón de fumadores: cuando volvíamos de Múnich desde el tren de
como en Italia, no podía parecer una situación más extraña entre una vienesa,
una colombiana y una brasileña, un potencial trio desastre fuera de todo porque
había olvidado los papeles desde que había salido de la casa en Milán, apenas
se acercaba el controlador, sentía la vena criminal que saltaba a la vista sin
siquiera hacer nada, solo había olvidado unos papeles y ya me veía en cárcel,
los venia venir, los venia venir corriendo y con alarmas justo en dirección nuestra
pero se detuvieron un asiento detrás nuestro desde el que salto un joven muchacho
de chaqueta negra, acento latino y mal vestir despavorido en dirección de los
otros vagones, en el tren a sí que no hay escapatoria amigo, en la estación lo
esperaban las patrullas de policía y yo pensando que ese pudo haber sido mi
plan A para probar un poco de suerte…obviamente hubiera estado sin éxito
27.
Del otro lado de la calle: sería ideal que cada
uno tuviera un doble, o pudiera salir de sí mismo para pararse exactamente al
otro lado de la calle
28.
Personal de embajada:
29.
Un cuarto de televisión: él tenía una casa con
nombre, y el nombre casa, ella era bonita y siempre acogedora, se llamaba
sophia, sophia tenia a chloe, a morticia, a metis, a giza (el nochero, la cama,
el comedor y la sabana) y cada que una persona lo visitaba el añadía una nueva
parte, le cambiaba los colores. Si ibas un día lluvioso la pieza era negra y la
cocina gris, pero si ibas un día radiante ya todo estaba de otro color como las
estaciones o la primavera, y dependiendo del humor del habitante el reno del
cuadro café de la sala café te miraba con cara de si o con cara de no, nada de
medios
30.
El contrabajista: era un músico bogotano que
estaba en Milán, una persona baja, fafarachosa, extrovertida ( lo que es
inusual en un músico) y con ojos de pulga, cada vez que lo veía lo imaginaba
haciendo de pagliaccio , de socialité, y hasta tenía su faceta de ratón de
biblioteca, hasta que un día tomo un banquino en mitad de la plaza del Duomo , lo
escaló hasta alcanzar una altura decente y le canto a la iglesia de manera
esplendida y elegante, mientras recitaba sus brazos comenzaron a ancharse,
luego su caja torácica, con las notas y el resonido le resoplaba su nariz,
entonces el público comenzó a notar la escena de un cantante gigante, enorme
que empezó a henchirse y acrecer y a crecer hasta explotar.
31.
Un portero: si yo fuera un portero seria el
portero más rebelde del mundo, mátame monotonía, aburrición si ni siquiera un
libro en mano podre tener durante horas improductivas de mirar y respirar,
mátame aburrición!
32.
Cuestión de trabajo: él no trabaja, pero decide
estar solo.
33.
Una vendedora de helados: parece fácil cruzar
los limites en los que se dibujan los límites de las relaciones humanas, unos
ojos bien expresivos, una sonrisa bien bonita, un juego de palabras divertido,
no hay mejor forma de franquear prejuicios, y tumbar muros que seduciéndose por
un columna momento en todo caso en algún punto se debe regresar a la
realidad…o…
34.
Una desaparición: entrar por la puerta de
abordaje y saber que no volverás a ver a una persona más es quizá el método de comprobación
de que una persona puede estar perdida en el mundo, se hace grande, se hace chico,
y una persona en su escala diminuta camina entre millones de calles cada día,
cuantas aceras rostros, héroes, en ¿realidad habrá algún villano?
35.
Una cita: OPORTUNIDADES
36.
Un hombre en el semáforo: un joven en el lleras, en la 33, en rio sur
un sábado noche, se permite jugar con la suerte y la posibilidad, la dama vista
que no es presa de ningún asalto decide tentarle la estrategia
37.
Una construcción: mi roommate y a mí nos parecía
ver dos personas diferentes cada vez, entraba una mujer en el día y salía un
hombre en la noche, pero no era lo mas extraño, lo más extraño era que cambiara
la mirada, el gesto y hasta el caminao se le meneaba , creo que el edificaba cierta
controversia entre los vecinos del apartamento (de los que el 90% contaba con más
de 80 años) y la verdad me encantaría solo mirar por un momento como la persona
del espejo se devora a uno, tragándoselo completamente para regurgitar aquel
otro sujeto. Al final pienso que somos nosotras las que sufrimos del trastorno
de identidad
38.
Un conductor de bus: era un muchacho simpático aquel
que ayudaba al conductor del bus, formal pero sin modales, cocaína-adicto, volando en un montón de sueños, y hasta el
pico más alto de estas montañas escalo. quizá jamás ponga los pies afuera de
este bus de vicio.
39.
Una pareja aburrida: nada más lindo que ver actos en los que la
sociedad se manifiesta, y dice: aquí hay vida
40.
Panes de fiesta:
“el hombre más rico no es el que más tenga sino el que menos necesite”
41.
Sinagoga: ven con migo me dijo, ven. Era un hombre
bien puesto que se movía por los clubes y las noches milanesas, vi junto a él
desde la más pequeña hasta la más grande discoteca y su vida oculta, pero vista
desde el sistema todo parece muy natural, la gente vendrá dijo, ellos son los
dueños del circo dijo, ellos los malabaristas, ellos los espectadores y tu serás
mis ojos con ellos hasta que se cierre el telón. Que puedo decirte yo? Le dije,
solo veo un grupo de gente en coro alrededor de un altar haciendo su rito
42.
Música: La razon de ser y de existir de las cosas
43.
Mi año en Berlín informe de actividades: podría contar20
años de vida en Medellín y jamás dejar de asombrarme del millón de historias
perdidas entre los barrios (que son Medellín) y las cajitas de ladrillo
constituidas tipo lego una sobre la otra pero al final seguimos siendo siempre
nosotros, en cambio cuando te sacan del contexto, es como si te de sumergieran
del agua y te pusieran a respirar, y te dejaran ver desde afuera las
situaciones, las personas, los lugares. Contar mil historias cotidianas, pasar
desde un bus e imaginar que historia lleva qué persona puede ser un mundo del
que luego no te puedan sacar.



































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